Stock im Eisen: el tronco lleno de clavos de Viena y su leyenda
La respuesta corta: el Stock im Eisen (literalmente, «tronco en hierro») es un trozo de tronco de pícea de algo más de dos metros, cubierto de clavos y ceñido por un aro de hierro con candado. Está en un nicho de granito en la esquina de la Stock-im-Eisen-Platz con la Kärntner Straße, a unos pasos de la catedral de San Esteban. El árbol empezó a crecer hacia 1400 y se taló (o murió) hacia 1440, y el tronco ya sale en las cuentas de la ciudad en 1533. Por qué tiene clavos, nadie lo sabe. Y el cerrajero que vendió su alma al diablo es una leyenda con varios finales.

¿Qué es el Stock im Eisen?
Mide 2,19 metros y, según el estudio científico que se le hizo en 1975, es el tramo central de una pícea de dos copas. A media altura se estrecha mucho por los hachazos que recibió, y cinco bandas de hierro lo mantienen de una pieza. Por delante está cubierto de clavos de arriba abajo; por detrás, no. En la base, unas hierbas y unas ramas de hiedra de hierro forjado se sujetan al tronco con más clavos.
El aro que lo rodea lleva un monograma, H. B., y el año 1575: se refiere a Hans Buettinger, dueño entonces de la casa, que probablemente lo mandó renovar. Y el candado de la leyenda, el que nadie conseguía abrir, es una cápsula de hierro vacía, sin mecanismo alguno. Está protegido como monumento desde 1974.
¿Desde cuándo está ahí?
El árbol, o quizá ya sólo lo que quedaba de él, estaba en origen fuera de las murallas. Dentro de la ciudad aparece por primera vez en 1533, y de la forma menos legendaria posible: en una cuenta municipal de pavimentación, que anota veinte brazas de calle empedrada desde una casa hasta el pozo «donde yace el tronco en hierro». Ya entonces llevaba su aro.
Las fuentes lo colocan junto a ese pozo, en medio de la plaza, o en la esquina de una de las casitas que había entonces delante de la fachada actual. En el siglo XVII pasó a la casa de al lado. Y cuando entre 1888 y 1891 se levantó en ese solar el palacio Equitable, el tronco se instaló donde sigue: en un nicho de granito, sobre un pedestal de metro y medio, en la esquina con la Kärntner Straße. Las puertas de bronce del edificio llevan relieves con su leyenda, y la plaza lleva su nombre.
¿Por qué tiene clavos?
No se sabe. La enciclopedia histórica de la ciudad lo admite: el origen de la costumbre es desconocido, y por eso las leyendas crecieron a sus anchas.
La explicación más repetida es un rito de oficio: todo oficial cerrajero de paso por Viena debía clavar uno. Según una enciclopedia austriaca, está probado que los cerrajeros ambulantes lo hacían desde 1715. Pero eso no explica el principio, porque los primeros clavos se pusieron cuando el árbol aún estaba vivo, antes de 1440. La costumbre duró hasta finales del siglo XIX, y un clavo con una plaquita de cobre lleva el año 1832. Según la misma enciclopedia, hasta los obreros que construyeron el metro la mantuvieron.
Hay explicaciones más atrevidas. Textos antiguos relacionaban los clavos con cultos paganos, y hubo quien describió el tronco plantado del revés, con las raíces arriba, y alguien llegó a ver en él un árbol sagrado pagano enterrado boca abajo como burla. El análisis de 1975, en cambio, lo describe como el tramo central de una pícea. Otras tradiciones lo tenían por el centro del mundo o por el último resto de un bosque primitivo, y el Museo de Viena recuerda que, hasta mediados del siglo XVIII, vieneses y visitantes lo llamaban el centro mítico de la ciudad.
La leyenda del cerrajero y el diablo
La versión que resume la enciclopedia de la ciudad es la más conocida. Un joven aprendiz de cerrajero forja el aro y el candado imposible con ayuda del diablo, y a cambio le empeña el alma si alguna vez se salta la misa del domingo. Llega a maestro y cumple sin fallar, hasta que el diablo lo arrastra al juego y a la mala vida. Un domingo se le pasa la hora, se acuerda del trato poco antes de que den las doce, corre hacia la catedral y llega a la Puerta de los Gigantes cuando la misa ya ha acabado. Allí cae muerto.
Pero las versiones no se ponen de acuerdo ni en el final. En una de las que recogió Gustav Gugitz en su libro de leyendas de Viena de 1952, el muchacho se queda fuera de la ciudad sin un céntimo para que le abran la puerta y, por miedo a su maestro, vende el alma a un hombrecillo vestido de rojo. Aquí el árbol es un roble del Bosque de Viena; el análisis dice pícea. El consejo de la ciudad promete el título de maestro a quien haga una llave nueva, el diablo le tuerce a escondidas el paletón y el cerrajero lo engaña metiendo la llave en el fuego del revés. Al final, tras un domingo de juerga, el hombrecillo rojo se vuelve gigante, lo atrapa ante la Puerta de los Gigantes justo cuando acaba la misa y se lo lleva volando.
En otra, impresa en 1840 por Ludwig Bechstein y recogida también por Gugitz, todo empieza con un robo: el aprendiz roba a su maestro un clavo especial para un pabellón de caza del duque Leopoldo el Santo, se pierde en el bosque y, avergonzado, lo clava en un árbol. Entonces aparece el diablo. Y el final es otro: el cerrajero, que oía misa cada mañana para estar protegido, se entretiene con un vaso de vino en una bodega de la plaza de San Pedro; una vieja le dice que ya es tarde, él vuelve a beber, y la vieja, que era el diablo, lo estrangula. El relato acaba explicando que el tronco se dejó como señal de que el Bosque de Viena llegaba hasta allí.
También quisieron ponerle cara al cerrajero. Lo llamaron Martin Mux, a partir de Martin Murr, a quien se atribuía la espléndida reja que separaba el coro del crucero de la catedral. Pero esa reja es de hacia 1640, y el aro de 1575 es anterior. En 1880, la leyenda llegó a la Ópera de la Corte como ballet fantástico en cuatro actos, Der Stock im Eisen.
¿Cuándo nació la leyenda?
Nadie ha localizado la primera vez que se puso por escrito. Una enciclopedia austriaca sitúa en el siglo XVII el comienzo de las leyendas; la versión impresa más antigua que hemos leído es la de 1840, lo que no quiere decir que no las haya anteriores. Lo claro es el orden: primero el árbol, talado hacia 1440; luego el tronco «en hierro» de 1533 y el aro de 1575; mucho después, el diablo. La leyenda se le pegó a un objeto que ya era viejo.
Un apunte de vecindad: la tradición situó junto a esta plaza el primer café legendario de Kolschitzky, otra historia que no pasó como se cuenta. Lo explicamos en El café vienés y la leyenda de los sacos turcos de 1683.
Hecho o leyenda.
- Hecho: pícea que empezó a crecer hacia 1400 y se taló (o murió) hacia 1440, según el análisis de 1975. El tronco ya figura «en hierro» en 1533. Aro con H. B. y 1575. Candado sin mecanismo.
- Hecho: los cerrajeros ambulantes clavaron clavos al menos desde 1715, y la costumbre siguió hasta finales del siglo XIX.
- Sin resolver: por qué se empezó a clavar cuando el árbol aún vivía.
- Interpretaciones: el árbol sagrado pagano, las raíces hacia arriba, el centro mítico de Viena.
- Leyenda: el cerrajero y el diablo, en versiones con finales distintos. La impresa más antigua que hemos leído es de 1840.
Dónde escucharla
Podtour cuenta esta historia en la ruta «Leyendas de la Viena antigua», doce paradas que van del reloj Anker al tronco de los clavos. La última, «El tronco de los clavos», se escucha en la esquina de la Kärntner Straße, frente al nicho. Antes, «Kolschitzky: espía de verdad, inventor de leyenda» te presenta al hombre del café legendario. Si estás preparando el viaje, en la guía de Viena tienes lo práctico.
Para saber más
- Stadt Wien, Wien Geschichte Wiki, «Stock im Eisen» (en alemán): https://www.geschichtewiki.wien.gv.at/Stock_im_Eisen
- Peter Diem, «Stock im Eisen», Austria-Forum, Wissenssammlungen/Denkmale (en alemán): https://austria-forum.org/af/Wissenssammlungen/Denkmale/Stock_im_Eisen
- Wien Museum, «Magische Orte. Wiener Sagen und Mythen» (en alemán): https://www.wienmuseum.at/magische_orte_wiener_sagen_und_mythen
- Gustav Gugitz (ed.), Die Sagen und Legenden der Stadt Wien, Viena, 1952, n.º 21 y 23, en SAGEN.at (en alemán): https://www.sagen.at/texte/sagen/oesterreich/wien/sagen_legenden_gugitz/stock_eisen.html
- Ludwig Bechstein, Volkssagen, Mährchen und Legenden des Kaiserstaates Österreich, 1840, «Der Stock im Eisen», en SAGEN.at (en alemán): https://www.sagen.at/texte/sagen/oesterreich/wien/1_bezirk/stockimeisen2.html
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