¿Hay un lago bajo la Ópera de París?
La respuesta corta: agua sí, lago con barca no. La Ópera Garnier se levantó sobre una arena empapada por una capa de agua subterránea, y su arquitecto, Charles Garnier, encerró los cimientos en un enorme recipiente de hormigón que terminó inundando por decisión propia. El lago negro de El fantasma de la Ópera lo puso Gaston Leroux. Y la primera mentira sobre aquella agua no salió de la pluma del novelista, sino de la del arquitecto.

¿De dónde sale el lago de El fantasma de la Ópera?
De un folletín. Gaston Leroux empezó a publicar la novela por entregas en un periódico parisino en 1909, y la abrió con un prólogo tramposo: el narrador jura que el Fantasma fue real, con cuerpo y todo, y ofrece como prueba un cadáver aparecido en los sótanos del teatro cuando se cavaba para enterrar discos con voces de cantantes.
Bajo el escenario de la novela hay un lago y una barca. Del agua sube un pasadizo secreto que desemboca en la rue Scribe, tras una verja de hierro cuya llave tiene Christine, la soprano protagonista. Cuando Raoul, el joven que la ama, busca desesperado esa verja y acaba preguntando a la portera, ella le responde con toda naturalidad que de sobra sabe que bajo la Ópera hay un lago, aunque jamás ha bajado. Y se ríe.
Esa respuesta lo dice todo: en la ficción, el lago es algo que cualquiera da por sabido. La novela se apoyaba en algo real. Bajo el edificio había agua, y su historia había empezado casi medio siglo antes.
¿Qué hay de verdad bajo la Ópera Garnier?
Arena y agua. Garnier ganó el concurso de 1861 con treinta y cinco años, sin una gran obra a sus espaldas, y el terreno le dio el primer quebradero de cabeza antes de poner una sola piedra: arena compacta atravesada por una gran capa de agua que, para colmo, se desplazaba. Algunos la tomaron por el antiguo arroyo de Ménilmontant. Garnier lo desmintió: era el agua del subsuelo que alimentaba los pozos de las casas vecinas. En su libro sobre la Ópera, publicado en 1878, dejó escrito que allí abajo había agua y que seguía habiéndola.
Para que el foso del escenario tuviera la hondura necesaria, los cimientos debían quedar unos cinco metros por debajo del nivel medio de esa capa. Si el agua entraba, advertía Garnier, los sótanos se convertirían en criaderos de champiñones y en marismas. Ideó entonces un depósito de doble pared, como una bañera metida dentro de otra y sujeta sólo por apoyos: lo que se filtrara se quedaría en el espacio intermedio, de donde podría sacarse con bombas. Lo bautizó cuve, cuba, y hasta se molestó en defender el nombre: sabía que lo normal es que una cuba guarde el agua dentro, y la suya existía precisamente para mantenerla fuera.
La obra exigió meses de bombeo sin descanso, día y noche. Las bombas mermaron los pozos de los vecinos, y Garnier tuvo que instalar fuentes con agua municipal para acallar las protestas. También hizo varias visitas discretas a las casas de alrededor, temiendo que el suelo se hundiera bajo ellas. Según sus cuentas, el agua extraída equivalía a un bloque con la planta del patio del Louvre y el doble de alto que las torres de Notre-Dame.
¿Por qué Garnier llenó de agua la cuba?
Para tapar un fallo. Él mismo lo contó dos décadas más tarde. El día en que se apagaron las bombas, al caer la tarde, se acercó a la obra sin compañía y, asomado al borde de la excavación, distinguió charcos sobre el hormigón del fondo. Escribe que le recorrió una conmoción violenta. Fue en carruaje a buscar al contratista, y a primera hora del día siguiente comprobaron juntos que el agua había crecido. Había filtraciones.
En París no faltaba quien estaba deseando difundir su tropiezo. Así que Garnier ordenó volver a poner en marcha las bombas, solo que el agua sacada de los pozos, en vez de acabar en el alcantarillado, fue a parar a la propia cuba, delante de todo el mundo y con el portón de la obra abierto de par en par. A todos, incluidos sus colaboradores, les explicó que el ensayo había sido un éxito y que la cal hidráulica debía pasar como mínimo un año sumergida para ganar dureza. Únicamente su amigo Louvet conoció la verdad. El resultado, cuenta con sorna, fue que todo el mundo alabó su ingenio.
Mientras el agua escondía el problema, Garnier pudo examinar junta por junta y taponar cada filtración con calma, hasta que la cuba quedó perfectamente estanca. Y lo reconoce sin rodeos: lo hizo «pour cacher une défaite partielle», para ocultar una derrota parcial.
Hay un matiz que casi nunca se cuenta. Según Garnier, aunque la prueba hubiera salido bien, habría inundado la cuba al menos en parte por prudencia. Las arenas mostraban que el agua había llegado a subir tres metros sobre su nivel medio, y el agua de dentro ayudaba a contrarrestar el empuje de la de fuera. La diferencia, añade, es que lo habría hecho tras comprobar el éxito, y no para disimular un revés.
¿Para qué sirve ese depósito?
Conviene separar lo que dijo el arquitecto de lo que se cuenta ahora. Garnier escribió que, si quedara agua en la cuba, dejaría que la gente creyera que se conservaba adrede para apagar incendios. Y reconocía que no sería del todo inverosímil: se había hablado de ello muchas veces, y no descartaba que algún día la cuba se usara como gran reserva por si se cortaba el suministro de agua de la ciudad.
Circula la idea de que el depósito sigue lleno, de que los bomberos lo utilizan e incluso de que viven peces en él. No hemos encontrado una fuente fiable que lo confirme. Cuidado también con las fechas: una web oficial de turismo sitúa el nacimiento del lago en 1881, cuando el agua del subsuelo se achicó en 1862.
¿Y el fantasma? Lo que es novela
El Fantasma es invención de Leroux, y no existe constancia de ningún enmascarado viviendo en los sótanos del teatro. Eso sí, la novela tiene la costumbre de agarrarse a sucesos reales y agrandarlos. Su célebre lámpara desplomándose sobre el público salió de un accidente auténtico: en mayo de 1896, al romperse un cable, uno de sus contrapesos, de unos setecientos kilos, perforó el techo de los palcos más altos y mató a una espectadora, la señora Chomette. La lámpara siguió en su sitio. Leroux la descolgó entera.
Así que, si alguien te pregunta por el lago del fantasma, puedes responder como la portera de la novela: claro que hay agua bajo la Ópera. Sólo que el primer cuento sobre ella lo firmó quien la dejó allí encerrada.
Hecho o leyenda.
- Hecho: bajo la Ópera hay una capa de agua subterránea, y Garnier construyó para los cimientos una cuba de doble pared que llenó de agua.
- Testimonio del propio autor: la prueba fallida, la excusa de la cal y el disimulo. Lo escribió Garnier unos veinte años después, y es la única fuente.
- Ficción: el lago con barca, el pasadizo de la rue Scribe y el fantasma, nacidos en la novela de Leroux (1909-1910).
- Sin comprobar: que el depósito siga lleno, lo usen los bomberos y tenga peces.
- Errores que circulan: el lago no es de 1881, ni es el antiguo arroyo de Ménilmontant, algo que ya negó Garnier.
Dónde escucharla
Podtour cuenta esta historia en la ruta «De Vendôme a la Ópera», que termina rodeando el edificio de Garnier. La novela se escucha junto a la verja lateral del edificio, en la parada «La verja de la rue Scribe: nace el fantasma», y el agua de verdad, ante la fachada principal, en «La fachada de la Ópera: el lago y la mentira de Garnier». La señora Chomette y la lámpara tienen su parada en «Rue Halévy: el contrapeso, la portera y la lámpara». Si te interesa el París de debajo de las calles, lee también el origen de las catacumbas. Y si estás preparando el viaje, en la guía de París tienes lo práctico.
Para saber más
- Charles Garnier, Le Nouvel Opéra de Paris, vol. I, París, Ducher et Cie, 1878 (capítulo «De la construction de la cuve», pp. 217-228). https://archive.org/details/lenouveloprade01garn
- Gaston Leroux, Le Fantôme de l'Opéra (folletín de 1909-1910; edición de 1926 en Wikisource). https://fr.wikisource.org/wiki/Le_Fantôme_de_l’Opéra
- Musée d'Orsay, «Parcours: L'Opéra de Charles Garnier». https://www.musee-orsay.fr/fr/ressources/parcours-lopera-de-charles-garnier-80
- Bibliothèque municipale de Lyon, Guichet du Savoir, respuesta sobre la caída del lustre de la Ópera, 2015. https://www.guichetdusavoir.org/question/voir/48586
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