El origen de las catacumbas de París: del cementerio de los Inocentes al osario

Hoy es una plaza alrededor de una fuente renacentista, con gente sentada y otra que la cruza con prisa. Durante casi diez siglos fue un cementerio. A finales del siglo XVIII se vació al caer la noche, y sus huesos se trasladaron a unas viejas canteras del sur. Así empezó el osario que hoy llamamos las catacumbas de París.

La fuente de los Inocentes en la plaza Joachim-du-Bellay de París.

Un cementerio con tiendas

El cementerio de los Inocentes estaba en la orilla derecha, junto a la rue Saint-Denis, rodeado por un muro. Pegadas a ese muro corrían unas galerías con arcos, los charniers, que hacían de osario: tenían el suelo pavimentado de tumbas y servían, a la vez, de paseo y de comercio. Bajo los arcos se vendía lencería y unos escribanos públicos redactaban cartas para quien no sabía escribir. En uno de los lados estaba pintada una danza macabra, ese desfile en el que la muerte no distingue entre reyes y mendigos.

Aquellas galerías se pagaron con donaciones de vecinos acomodados. Una tradición atribuía su construcción al mariscal de Boucicaut y a Nicolas Flamel; lo documentado es que Flamel costeó al menos dos arcos, y que en uno mandó pintar unas figuras que, mucho después, los alquimistas leerían como una receta secreta.

Había epitafios con personalidad. Uno, de 1514, era el de una mujer llamada Yolande Bailly, y presumía de 293 descendientes.

Vivir emparedada

El cementerio guardaba historias más duras. Junto a la iglesia vivió durante cuarenta y seis años una reclusa, Alix la Burgotte, en una celda con dos ventanucos enrejados: uno daba a la calle, por donde le llegaba la comida; el otro, a la iglesia. Murió en 1466, y Luis XI le mandó hacer un sepulcro de mármol. Lo sabemos por su epitafio, que un diccionario de las calles de París copió en el siglo XIX.

Hubo también quien acabó allí por sentencia. En 1485 el Parlamento condenó a Renée de Vendomois, que había mandado asesinar a su marido, a vivir «recluse et emmurée», encerrada y tapiada, en el mismo cementerio.

Un rey, un atasco y un osario

Uno de los lados del cementerio daba a la rue de la Ferronnerie, una calle estrecha con tiendas pegadas a las galerías. El viernes 14 de mayo de 1610, hacia las cuatro de la tarde, un atasco de carruajes detuvo allí la carroza de Enrique IV. Sus lacayos se metieron por la galería del osario y, en ese momento, un hombre se subió a la rueda y apuñaló al rey. Era Ravaillac.

La coincidencia la señaló aquel mismo diccionario del XIX: Enrique II había ordenado ensanchar esa calle por un edicto fechado también un 14 de mayo, el de 1554. No se hizo hasta después de un decreto de 1669, firmado entre otros por Colbert, que mandó levantar del lado del cementerio un largo frente de casas de piedra con las galerías debajo. Los edificios de los números 10 y 12-14, de aquellos años, siguen en pie sobre el antiguo solar del cementerio y están protegidos como monumento histórico.

Un susto bajo tierra

Mientras tanto, el sur de París escondía su propio problema: bajo sus calles se extendían antiguas canteras de piedra. En 1774, un pequeño edificio de la rue d'Enfer se hundió en dos pisos de galerías. Pocos años después, Luis XVI prohibió seguir extrayendo piedra bajo las zonas habitadas y creó una Inspección General de Canteras, que confió a Charles-Axel Guillaumot.

Aquel vacío, que hasta entonces era una amenaza, estaba a punto de encontrar un uso.

1780: el cementerio se cierra y se muda de noche

En 1780 el cementerio de los Inocentes se cerró, tras casi diez siglos de uso. El 9 de noviembre de 1785, un decreto del rey decidió el destino del solar: allí iría el mercado de hierbas y hortalizas que cada mañana atascaba la rue Saint-Denis y la rue de la Ferronnerie. Pero antes había que sacar a los muertos.

Entre 1785 y 1787 los huesos se llevaron a las antiguas canteras de la Tombe-Issoire, que entonces quedaban fuera de la ciudad. El traslado se hacía al anochecer, explica el propio museo de las Catacumbas, para que ni la población ni la Iglesia reaccionaran con hostilidad. Los restos se vertían por dos pozos de servicio de las canteras, que el 7 de abril de 1786 se consagraron como osario municipal.

Lo macabro se convirtió pronto en curiosidad. En 1787, el conde de Artois, el futuro Carlos X, bajó a visitar el osario con damas de la corte.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: los traslados se hacían al anochecer, para no provocar a la población ni a la Iglesia. Lo dice el propio museo de las Catacumbas.
  • Hecho: Alix la Burgotte vivió emparedada cuarenta y seis años. Lo cuenta su epitafio, conocido por una transcripción del siglo XIX.
  • Leyenda: que en las figuras pintadas de los Inocentes estuviera la receta alquímica de Flamel.
  • Sin comprobar: una placa en el suelo de la rue de la Ferronnerie marcaría el lugar exacto del atentado contra Enrique IV. No la hemos podido verificar.
  • Observación nuestra: el parecido entre d'Enfer y Denfert. Ver más abajo.

Lo que quedó arriba

Despejado el terreno, llegó el mercado. El suelo de los muertos pasó a ser el de las verduras.

La fuente de los Inocentes también cambió de vida. Obra de Lescot y Goujon, estaba adosada a la iglesia, en la esquina de la rue aux Fers con la rue Saint-Denis, y sólo tenía dos caras. Cuando se derribó la iglesia, la fuente se desmontó pieza a pieza y volvió a montarse exenta, en mitad del mercado. El problema es que una fuente exenta necesita cuatro caras: a las cinco náyades originales se añadieron tres nuevas, y las piedras viejas se mezclaron con otras nuevas teñidas para igualar el color. Distinguirlas no es fácil. Ésa era la idea.

Y en el sur, los dos pabellones que Ledoux levantó en 1787 para la barrière d'Enfer, una de las puertas del muro fiscal que rodeaba la ciudad, siguen en pie. Uno de ellos es hoy la entrada a las Catacumbas. En 1879, aquella plaza d'Enfer, «del Infierno», pasó a llamarse Denfert-Rochereau, en honor del coronel que defendió Belfort. Si el parecido entre los dos nombres pesó en la elección, no lo sabemos. Pero cuesta no sonreír.

Dónde escucharla

En la ruta Misterios del viejo París: de la Grève a los Inocentes, Podtour te lleva a la plaza de la fuente para contarte el cementerio, el traslado nocturno y la reclusa («Los muertos que se mudaron de noche» y «La fuente que cambió de sitio y la reclusa de 46 años»), y termina a pocos pasos, en la calle del atasco de 1610. Las Catacumbas son un interior con entrada propia y no forman parte de la ruta: Podtour cuenta la historia desde arriba, donde empezó.

Si prefieres empezar gratis, La isla de la Cité: del Pont Neuf a Notre-Dame, nuestra ruta gratuita.

Para saber más

Pasea con Podtour

Dónde escuchar esta historia

Sigue explorando

Prepara tu visita a París

Explorar ParísGuía de viaje

A la primera ciudad,
invita Podtour

Apúntate a la lista. Cuando lancemos, tu ciudad elegida estará esperándote.

iOSAndroidMuy pronto
Un regalo para empezar

A la primera ciudad,
invita Podtour

Apúntate y recibe una ciudad completa gratis cuando lancemos Podtour. Tú eliges cuál.

Sin tarjeta. Sin compromiso. Con mucho que descubrir.

Podtour gestiona tu solicitud de lanzamiento con tu consentimiento. Puedes retirarlo y ejercer tus derechos como explica nuestra política de privacidad. Información de privacidad.

Una ciudad por persona. Todas sus rutas Podtour en español e inglés. Disponible con el lanzamiento. Ver condiciones.