¿Dónde está enterrado Cervantes?

La respuesta corta: en Madrid, en la iglesia del convento de las Trinitarias Descalzas, en la calle de Lope de Vega, en pleno Barrio de las Letras. Allí pidió que lo enterraran y allí lo enterraron, en abril de 1616. Lo que nadie puede decir es cuáles de los huesos que hay allí son los suyos. La iglesia se rehízo, los restos cambiaron de sitio y la tumba se perdió. En 2015, un equipo de forenses encontró en la cripta del templo actual los huesos mezclados de diecisiete personas y concluyó, con mucha prudencia, que algunos de esos fragmentos podrían ser de Cervantes. No hay prueba de ADN.

Fachada de ladrillo del convento de las Trinitarias, en la calle de Lope de Vega del Barrio de las Letras de Madrid

¿Cuándo y dónde murió Cervantes?

Murió en su casa de la calle del León, a dos pasos del convento, el 22 de abril de 1616. Si has visto escrito que fue el 23, hay una explicación. El libro de difuntos de la parroquia de San Sebastián lo apunta «en 23 de abril», pero lo que se anotaba allí era la fecha del entierro.

Esa partida, publicada por primera vez en 1749, cabe en unas pocas líneas. Dice que estaba casado con doña Catalina de Salazar, que vivía en la calle del León, que recibió los sacramentos y que «mandóse enterrar en las Monjas Trenitarias». Encargó dos misas por su alma. Sus albaceas fueron su viuda y un clérigo, el licenciado Francisco Martínez, capellán del propio convento y, detalle de barrio, hijo de su casero.

La casa ya no existe. Se derribó por ruinosa en 1833, y Mesonero Romanos cuenta que un artículo suyo animó a Fernando VII a intentar comprarla. Como el dueño se negó, el rey mandó poner un medallón en la fachada del edificio nuevo.

¿Por qué lo enterraron en las Trinitarias?

Por voluntad propia y, todo indica, por gratitud. En su juventud, Cervantes estuvo cautivo cinco años en Argel, y fue la orden trinitaria la que consiguió liberarlo. La lápida de la fachada lo recuerda a su manera: allí yace, dice, «por su última voluntad», en la casa de la orden a la que «se debió principalmente su rescate».

Además, le pillaba cerca. El convento, que Mesonero da por fundado en 1609 por doña Juana Gaitán, hija del general Julián Romero, quedaba a la vuelta de la esquina de su casa. Un último paseo muy corto.

¿Por qué se perdió la tumba de Cervantes?

Porque la iglesia en la que lo enterraron no es la que está en pie. Más tarde, el convento levantó un templo nuevo, y los restos enterrados en la iglesia vieja se trasladaron a la nueva. Ni siquiera las fuentes se ponen de acuerdo en cuándo: unas sitúan el traslado entre 1673 y 1698; otras, algo después. En el camino, la sepultura de Cervantes dejó de tener un sitio conocido.

Hubo, además, una duda antigua. Mesonero recoge que Navarrete, un biógrafo muy minucioso de Cervantes, se preguntó si no lo habrían enterrado en otro lugar: las monjas contaban que habían vivido unos años en la calle del Humilladero mientras duraban las obras de su casa. La duda la resolvieron las fechas. Según el diccionario de Madoz, las monjas estuvieron en la calle de Cantarranas, la actual de Lope de Vega, desde 1609 hasta 1639, y sólo entonces se mudaron una temporada. En 1616, por tanto, estaban en Cantarranas.

¿Quién buscó los restos de Cervantes?

El primero que lo intentó en serio fue José Bonaparte. En 1809 mandó buscarlos para trasladarlos a un mausoleo de hombres ilustres. Según Mesonero, se encargaron el arquitecto Silvestre Pérez y los médicos Luzuriaga y Morejón. No encontraron nada. Hubo otro intento en 1870, también sin suerte, y el asunto quedó dormido durante casi un siglo y medio.

En 2014, un equipo dirigido por el antropólogo forense Francisco Etxeberria, con el geofísico Luis Avial, entró en la iglesia con georradar. La primera alegría resultó falsa: en enero de 2015 apareció en la cripta un ataúd con las iniciales M. C., pero los restos de dentro no eran los suyos. La pista buena la dio un archivero del Ayuntamiento, Francisco Marín Perellón: si la iglesia vieja se había derribado, su cripta también, así que había que buscar en la nueva.

En la cripta del templo actual apareció una reducción, es decir, un depósito donde se habían reunido huesos de varias sepulturas antiguas. Había fragmentos de diecisiete personas, entre ellas, probablemente, Catalina de Salazar, su mujer. El 17 de marzo de 2015, el equipo presentó sus conclusiones: con toda la información histórica, arqueológica y antropológica, era posible que entre esos fragmentos hubiera algunos de Cervantes. «Son muchas las coincidencias y no hay discrepancias», dijo Etxeberria. Pero faltaba la prueba decisiva, la de ADN, y el cotejo se presentaba difícil.

Entonces, ¿está o no está?

La respuesta más honesta tiene dos partes. Sí: Cervantes está enterrado en las Trinitarias, porque allí lo llevaron y no consta que lo sacaran. No: nadie puede poner su nombre a un hueso concreto. Sus restos, si están, están mezclados con los de otros.

Tras el hallazgo, la iglesia le dedicó un monumento con unos versos de su última novela, el Persiles. Y en el interior del convento, otra lápida recuerda que allí yacen Cervantes, su esposa y sor Marcela de San Félix, una hija de Lope de Vega que fue monja en esa casa. Cuando murió Lope, en 1635, su entierro dio un rodeo para pasar por delante de las rejas del convento y que ella pudiera verlo.

Y queda la última ironía del barrio. En 1835, al rebautizar calles con nombres de escritores, la de Francos, donde Lope tuvo su casa, pasó a llamarse de Cervantes, y la de Cantarranas, la del convento, de Lope de Vega. Mesonero, que había propuesto otro reparto, escribió que se habían equivocado. Resultado: la casa de Lope quedó en la calle de Cervantes, y la tumba de Cervantes, en la de Lope.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: Cervantes murió el 22 de abril de 1616 en la calle del León y, por su voluntad, fue enterrado en las Trinitarias. La partida parroquial lleva la fecha del entierro, el 23.
  • Hecho: la iglesia se rehízo y los restos enterrados en ella pasaron al templo nuevo; las búsquedas de 1809 y 1870 fracasaron.
  • Hecho: en 2015 apareció en la cripta del templo actual una reducción con restos de diecisiete personas.
  • Hipótesis prudente: que algunos de esos fragmentos sean de Cervantes («es posible», sin discrepancias), y que también esté su mujer.
  • No se sabe: qué huesos son exactamente los suyos. No hay ADN que lo confirme.

Dónde escucharla

Podtour cuenta esta historia ante la fachada del convento, en la parada «Dónde está Cervantes: las Trinitarias», la última de la ruta «Barrio de las Letras: Cervantes, Lope y Quevedo». La casa desaparecida de la calle del León y el lío de los rótulos se cuentan en «La casa que ya no existe y las calles cruzadas». Y Cervantes no es el único escritor del barrio con la tumba perdida: la de Lope se cuenta en «El entierro de Lope y la fosa común: San Sebastián y el vivero».

Si estás preparando el viaje, en la guía de Madrid tienes lo práctico.

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