¿Por qué está en ruinas el Partenón? La noche de 1687 en que voló por los aires
La respuesta corta: por una explosión. Durante más de dos mil años el Partenón siguió en pie, y fue templo, iglesia y mezquita. En 1687, durante un asedio veneciano, la guarnición otomana guardaba dentro su pólvora, y la noche del 26 de septiembre una bomba cayó justo ahí y partió el edificio en dos. Lo que vino después, de la retirada de sus esculturas a las limpiezas del siglo XIX, terminó de dibujar la ruina que ves hoy.

¿Qué fue el Partenón antes de ser una ruina?
El Partenón se construyó entre el 447 y el 438 antes de Cristo. Sus arquitectos fueron Ictino y Calícrates, y Fidias estaba al frente de todo el programa de esculturas. Era el gran templo de Atenea en la Acrópolis.
Pero no se quedó congelado en la Antigüedad. Siglos después se convirtió en iglesia, primero dedicada a Santa Sofía y luego a la Virgen, y en el siglo XI era la catedral de Atenas. Bajo los otomanos pasó a ser mezquita. Cada época lo adaptó a su fe y a su vida, y por eso llegó al siglo XVII como un edificio en uso, no como un monumento de postal.
Un apunte con acento catalán. En 1380, el rey Pedro IV, a quien acababan de prestar homenaje los ducados de Atenas y Neopatria, ordenó pagar doce ballesteros para guardar el «castell de Cetines», como llamaban los catalanes a la Acrópolis, porque era «la pus richa joya qui al mont sia», la joya más rica que hay en el mundo. La frase se repite a menudo como un elogio del Partenón. Pero el rey hablaba del castillo, y nunca llegó a verlo.
¿Qué pasó en 1687?
Venecia asediaba la Acrópolis, defendida por una guarnición otomana. Al frente de los venecianos estaba Morosini. Sus ingenieros colocaron una batería de quince piezas en la colina del Museo, la que hoy se llama de Filopapos; una segunda, de ocho, en la Pnyx, y cuatro morteros al pie del Areópago, la roca que hay junto a la entrada de la Acrópolis. Las cifras son aproximadas: el historiador Léon de Laborde ya advertía que no hay certeza sobre el número ni el calibre. Los morteros lanzaban sus bombas por encima de las murallas de la fortaleza.
Dentro, los otomanos habían convertido el Partenón en polvorín. Un oficial italiano que estaba en el campo sitiador escribió que los turcos habían guardado en el templo, como en un refugio, todas sus riquezas, y el bajá, la munición.
El día 25 de septiembre una bomba voló un pequeño polvorín en los Propileos, la entrada monumental de la Acrópolis. Fue un anticipo.
Al día siguiente, el 26, cuando hacía una media hora que había anochecido, un nuevo proyectil fue a caer en la pólvora del Partenón. La detonación hizo temblar los alrededores y partió el templo en dos. Según una gaceta veneciana, el fuego duró dos días.
¿Quién disparó la bomba que destruyó el Partenón?
Aquí las fuentes no se ponen de acuerdo, y conviene no elegir por ellas.
Laborde, siguiendo el diario de un oficial llamado Sobiewolsky, cuenta que un desertor avisó a los sitiadores de que la pólvora estaba en el templo, y que un teniente de Luneburgo afinó la puntería de los morteros y acertó tras pocos disparos. El oficial italiano, en cambio, escribe que la bomba cayó «a caso», por casualidad. Y la gaceta de Venecia se la atribuye a la batería del conde de San Felice.
Así que cuando leas que «un artillero preciso» hizo saltar el Partenón, ten en cuenta que es sólo una de las versiones. La otra habla de puro azar.
El mismo oficial italiano dejó otra frase que dice mucho: aun caído, el templo lo dejó extasiado.
Lo que escribió una testigo
En el campo sitiador había una mujer sueca que servía a la condesa Königsmarck como dama de compañía: Anna Åkerhjelm. En una carta a su hermano escribió que «Su Excelencia el mariscal», Königsmarck, había destruido muy a disgusto aquel templo que llevaba «3000 años» en pie, y que ya no podría volver a levantarse. La cuenta le salió larga: desde que se terminó, en el 438 antes de Cristo, habían pasado poco más de dos mil cien años. Pero la pena se entiende.
Según la misma carta, la guarnición se rindió tras ocho días de resistencia.
Los caballos que se hicieron polvo
La historia tiene un epílogo amargo. Tras la victoria, Morosini quería un recuerdo de su triunfo: los caballos que tiraban del carro de la diosa, arriba, en el frontón. Dio orden de descolgarlos. Según el oficial italiano, los operarios fueron torpes, se les cayeron y quedaron reducidos a polvo.
Hecho o leyenda.
- Hecho: la noche del 26 de septiembre de 1687 una bomba veneciana cayó en la pólvora guardada en el Partenón y lo partió en dos. El día antes había volado otro polvorín en los Propileos.
- Versiones enfrentadas: quién apuntó. Un desertor y un teniente de Luneburgo, según el diario que sigue Laborde; el azar, según un oficial italiano; la batería del conde de San Felice, según una gaceta veneciana.
- Simplificación que circula: «lo destruyó un artillero preciso». Es una de las versiones, no un hecho probado.
- Testimonio: los «3000 años» de Anna Åkerhjelm. En realidad eran unos dos mil cien.
- Frase mal atribuida: «la pus richa joya qui al mont sia» no se dijo del Partenón, sino del castillo de la Acrópolis.
¿Y después de la explosión?
La ruina siguió cambiando. A comienzos del siglo XIX, el embajador británico lord Elgin se llevó cerca de la mitad de la escultura que aún conservaba el templo. Las dos partes lo cuentan de forma distinta: para el British Museum, lo hizo con permiso de las autoridades otomanas, y una comisión parlamentaria lo declaró legal en 1816; para el Ministerio de Cultura griego, fue un saqueo que dañó gravemente el monumento. Un viajero que lo vio, Edward Dodwell, lamentó que se tirara la cornisa para bajar las metopas.
Ya con Grecia independiente, el plan del arquitecto Leo von Klenze para la Acrópolis quiso dejarla sólo como lugar arqueológico y retirar todo lo posterior a la Antigüedad. En esas limpiezas desapareció, entre otras cosas, la pequeña mezquita del interior del Partenón. Lo que ves hoy es, por tanto, el resultado de muchos siglos: un templo antiguo, una explosión y las decisiones de quienes vinieron detrás.
Cómo verlo desde abajo
Sube al Areópago: desde arriba, el Partenón debería asomar por encima de la entrada de la Acrópolis. Y mira después hacia la colina de Filopapos, coronada por un monumento antiguo. Desde ella y desde la Pnyx disparaban las baterías en el otoño de 1687; los morteros estaban al pie de la roca que pisas.
Dónde escucharla
Podtour cuenta esta historia en la ruta gratuita de Atenas, La Acrópolis desde fuera: doce paradas en torno a la roca, sin entrar al recinto. Arriba del Areópago, la parada «Iglesia, mezquita, polvorín: 26 de septiembre de 1687» cuenta la explosión, y la siguiente, «Desde aquellas colinas: quién apuntó y qué se perdió», las baterías, las versiones y los caballos. La misma ruta cuenta, en otra parada, qué pasó con los mármoles.
La frase de Pedro IV se escucha en la ruta Plaka, Anafiotika y los catalanes de la Acrópolis. Y en la guía de Atenas tienes lo práctico para preparar el viaje.
Para saber más
- Léon de Laborde, Athènes aux XVe, XVIe et XVIIe siècles, t. II (París, 1854), con la carta del oficial italiano, la de Anna Åkerhjelm y la gaceta de Venecia (en francés, italiano y sueco). https://archive.org/details/bub_gb_ORBCAAAAcAAJ
- Ministerio de Cultura y Deportes de Grecia, «Parthenon», portal Odysseus (en inglés). http://odysseus.culture.gr/h/2/eh251.jsp?obj_id=912
- Ministerio de Cultura y Deportes de Grecia; Ioanna Venieri, «Acropolis of Athens — History», portal Odysseus (en inglés). http://odysseus.culture.gr/h/3/eh351.jsp?obj_id=2384
- British Museum, «The Parthenon Sculptures» (en inglés). https://www.britishmuseum.org/about-us/british-museum-story/contested-objects-collection/parthenon-sculptures
- Servicio de Restauración de los Monumentos de la Acrópolis (YSMA), «History of older interventions» (en inglés). https://www.ysma.gr/en/restoration/history-of-older-interventions/
- Antoni Rubió i Lluch (ed.), Documents per l'historia de la cultura catalana mig-eval, vol. I (Barcelona, 1908), doc. CCCXI (en catalán). https://archive.org/details/documentsperlhi00llucgoog
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