¿Por qué se toca la estatua de San Juan Nepomuceno en el Puente de Carlos?

Por un deseo. Junto a la estatua de San Juan Nepomuceno, en el pretil del Puente de Carlos, hay una pequeña cruz de latón con cinco estrellas. Dicen que, si apoyas la mano en ella con un dedo sobre cada estrella, tu deseo se cumple. Mucha gente toca también las placas de bronce del pedestal. La costumbre no tiene fecha conocida. La historia que hay detrás, sí, y no es la que cuenta la leyenda.

Estatua de San Juan Nepomuceno con su halo de cinco estrellas en el Puente de Carlos de Praga

¿Qué se toca: la estatua o la cruz?

Las dos cosas, y conviene no confundirlas. La estatua es la más antigua del puente: se terminó en 1683, antes que el resto de las figuras que hoy lo llenan. Se la reconoce por el halo de cinco estrellas que lleva sobre la cabeza. En su pedestal hay unas placas de bronce que toca mucha gente. Por qué se tocan esas placas, ninguna de las fuentes que hemos leído lo explica.

La costumbre que sí está recogida es la de la cruz. Está encajada en el propio pretil, cerca de la estatua. Es una cruz arzobispal, la de doble travesaño, hecha de latón y con cinco estrellas. La tradición dice que señala el sitio desde donde tiraron al santo al agua.

¿Por qué se toca la cruz?

La receta es corta: la mano sobre la cruz, un dedo en cada estrella y un deseo. La radio pública checa la cuenta con un prudente «se dice». ¿Desde cuándo se hace? Nadie lo sabe. No hemos encontrado la primera vez que se menciona: es una costumbre de viajeros, de las que crecen solas. Lo que pidas es cosa tuya; la cruz no da garantías por escrito.

Lo interesante no es el deseo, sino la cruz. Para entender por qué señala ese punto hay que conocer al hombre de la estatua y las dos maneras de contar su muerte.

¿Quién era San Juan Nepomuceno?

Juan de Pomuk, en checo Jan Nepomucký, fue vicario general del arzobispo de Praga a finales del siglo XIV. Era su mano derecha. Murió en marzo de 1393, arrojado al río Moldava desde el puente. Hasta ahí, todo el mundo está de acuerdo. El porqué es otra historia.

La leyenda: el confesor de la reina

Según la tradición, Juan confesaba a la reina. El rey Wenceslao IV, que tenía celos, le exigió que le revelara lo que su mujer le decía en el confesionario. Juan guardó silencio, y el rey, en un arrebato, ordenó echarlo al río. Por eso se le venera como el santo del secreto de confesión, y también se le invoca contra las riadas y como patrón de la buena fama.

¿Cuándo nació la leyenda?

Unos cincuenta años después de su muerte. La primera noticia escrita la da un cronista austriaco, Thomas Ebendorfer, entre 1445 y 1451. Cuenta que Wenceslao mandó ahogar a quien confesaba a su esposa, y da dos motivos: que el confesor había dicho que sólo merece el título de rey quien gobierna bien y, con cautela, «según se dice», que se negó a desvelar lo que había oído. Un estudioso checo cree que Ebendorfer no lo inventó, sino que apuntó lo que ya se contaba de palabra en Praga.

Las crónicas más próximas a su muerte ni mencionan a la reina. Sólo cuentan que al «doctor Johánek», vicario del arzobispo, lo ahogaron desde el puente en 1393, y anotan para ese mismo año una gran sequía «en memoria de aquel doctor». Una crónica latina añade que el río bajó tanto que en Podskalí se cruzaba a pie sin mojarse, que el agua se puso verde y que para guisar había que tirar de los pozos.

En 1541, el cronista Václav Hájek fue un paso más allá: convirtió a Juan en dos. Uno, el confesor, ahogado en 1383 por guardar el secreto. Otro, el vicario, ahogado en 1393 por un asunto de poder. Cuando la Iglesia lo canonizó, en 1729, la bula dio por buenos el año 1383 y el secreto de confesión.

¿Por qué lo mataron de verdad?

Por un choque de poder entre el rey y el arzobispo. El 10 de marzo de 1393, Juan, como vicario general, confirmó al nuevo abad del monasterio de Kladruby, en contra de los planes del rey. El jueves 20 de marzo, el rey y el arzobispo se reunieron por la mañana junto a la torre del puente de Malá Strana para sellar un acuerdo. La reunión acabó con el rey fuera de sí.

El arzobispo logró escapar. Juan no. Lo detuvieron, lo interrogaron y lo torturaron con el rey delante. Hacia las nueve de la noche lo arrojaron al río desde el puente. Un historiador cree que para entonces ya había muerto; con certeza, no se sabe. Una nota al margen en las actas de los vicarios lo resume: terminó su último día el día 20. El río devolvió el cuerpo cerca de un mes después, y sus restos acabaron en la catedral de San Vito.

Así que el santo del secreto murió, en realidad, por hacer su trabajo en mitad de una pelea entre poderosos.

¿Y las cinco estrellas?

Vienen del mismo cronista de los dos Juanes. Según Hájek, sobre el cuerpo en el agua se vieron unas luces. Con el tiempo, esas luces se convirtieron en estrellas alrededor de su cabeza. No se conoce ninguna imagen suya con estrellas anterior a 1641.

La estatua del puente llegó en 1683. Haz la cuenta: trescientos años justos después de 1383, la fecha equivocada de Hájek. ¿Casualidad o aniversario? Ojo: esa suma la hacemos nosotros, y ningún papel de 1683 que hayamos visto dice que la fecha se eligiera por eso. Pero la coincidencia está ahí.

La lengua que no era una lengua

Queda un último giro. Al abrir su tumba, en 1719, se halló lo que se creyó su lengua sin corromper, y se aceptó como uno de los milagros de su canonización. En 1973, un equipo de científicos la examinó y concluyó que era tejido cerebral. Para entonces, el santo del secreto llevaba casi dos siglos y medio en los altares.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: Juan de Pomuk, vicario general del arzobispo, murió el 20 de marzo de 1393, arrojado al río desde el puente tras un choque de poder entre el rey y el arzobispo. La estatua es de 1683 y es la más antigua del puente. La cruz de latón del pretil existe.
  • Leyenda: que muriera por guardar el secreto de confesión de la reina (se cuenta desde mediados del siglo XV); los dos Juanes (1541); la «lengua incorrupta», que era tejido cerebral.
  • Costumbre sin fecha conocida: tocar la cruz con un dedo en cada estrella para pedir un deseo. Que la cruz marque el punto exacto de la caída es tradición.
  • Cuenta nuestra, sin documento: que la estatua celebrara los trescientos años de una fecha equivocada.

Dónde escucharla

Podtour cuenta esta historia en la ruta «Leyendas de Praga: de la Ciudad Vieja al Puente de Carlos», once paradas que se preguntan desde cuándo se cuenta cada leyenda. Ante la estatua, la parada «El secreto de confesión y la estatua de 1683» cuenta la leyenda y cómo nació. Desde el mismo punto, «La cruz de los deseos» baja la vista a la cruz, las estrellas y la lengua. Y la última, «20 de marzo de 1393, junto a la torre alta», te lleva al otro extremo del puente, donde empezó todo.

La ruta gratuita de Praga, «La Ciudad Vieja: de la Torre de la Pólvora al reloj astronómico», recorre la Ciudad Vieja en diez paradas, hasta el reloj astronómico. Y si estás preparando el viaje, en la guía de Praga tienes lo práctico.

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