El Pont Neuf: ¿por qué el puente más antiguo de París se llama nuevo?

Respuesta corta: porque cuando se terminó, a comienzos del siglo XVII, era nuevo de verdad. En aquel París, los puentes solían tener viviendas a los dos lados, como calles colgadas sobre el río, y este no tenía ni una. Además tenía aceras, las primeras de la ciudad, y fue el primer puente de piedra de París que salvaba el río completo, de orilla a orilla, con la punta de la Cité como apoyo a mitad de camino. El nombre se quedó, y los puentes que entonces eran más viejos que él han desaparecido. Así que hoy el «puente nuevo» es el decano de los puentes de París.

El Pont Neuf de París visto desde la orilla del Sena, con sus arcos de piedra y los balcones en media luna

Bonita paradoja. Y no es la única que guarda el puente: empezó con un funeral, un rey se empeñó en pasar por él antes de tiempo y el monarca de su estatua lleva metal napoleónico.

¿Por qué se llama Pont Neuf?

Por la novedad. Antes del Pont Neuf, los puentes de París estaban bordeados de casas: cruzar el río era meterse por una calle estrecha y oscura, a veces peligrosa, con viviendas a los dos lados. Según explica la propia Ciudad de París, aquellos puentes no siempre aguantaban las crecidas del río ni el peso de los edificios que les ponían encima.

El Pont Neuf rompió con todo eso. No llevaba casas, de modo que desde él se veía el Sena. Tenía aceras, las primeras de París, para que el peatón caminara a salvo del barro, las salpicaduras y los caballos. Y encima de cada pila se asomaban al agua unos miradores semicirculares de piedra, donde durante un tiempo los comerciantes montaron sus puestos. Siguen ahí.

Lo curioso es que no estaba pensado así. El primer proyecto preveía casas, como en los demás puentes, y hasta se habían hecho ya sótanos en cada pila. Fue Enrique IV quien, al retomar las obras, cambió el plan: según un historiador de la época, porque las casas habrían tapado la vista del Louvre.

Otros puentes conservaron sus casas mucho tiempo. En el Pont Marie, por ejemplo, un edicto mandó derribarlas en 1786, casi dos siglos después.

¿Cuándo se construyó el Pont Neuf?

Arrancó con mal pie. La primera piedra la colocó Enrique III el 31 de mayo de 1578, un sábado, y el rey venía de un trago amargo: esa misma jornada había presenciado el cortejo fúnebre de Quélus y Maugiron, dos de sus favoritos, caídos en duelo. Lucía un gesto tan sombrío que los graciosos de turno rebautizaron la obra como el «Pont des Pleurs», el puente de los Llantos. Por suerte para el turismo, el mote no prosperó.

Después vinieron las guerras de religión y la falta de dinero, y la obra quedó parada cerca de una década. Fue el siguiente rey, Enrique IV, quien la relanzó: quería un puente sólido, bonito y, sobre todo, útil para los parisinos. Se terminó bajo su reinado, en 1606 o en 1607, según la fuente que consultes.

El cronista L'Estoile recogió en su diario una escena que lo dice todo del personaje. En 1603, con el puente todavía poco seguro, Enrique IV se empeñó en cruzarlo de punta a punta. Le contaron que más de uno, por probar, había terminado en el agua con el cuello partido. Su respuesta, según se decía: ninguno de aquellos desgraciados era rey. No como él, se entiende. Humildad no le sobraba.

¿Qué había en el Pont Neuf?

De todo. Muy pronto se convirtió en el corazón del París popular, una feria permanente. En el siglo XVII lo frecuentaban sacamuelas, charlatanes y carteristas con buena mano. El cómico Tabarin representaba allí sus farsas, y las marionetas de Brioché se instalaban cerca. Un poeta del momento, Berthaud, lo definió como el punto de encuentro de los charlatanes: «rendez-vous des charlatans».

Circulaba también la historia de un poeta sin un céntimo que cerró un trato con uno de aquellos sacamuelas: por diez sous, unas pocas monedas, le dejaría sacarle dos dientes ante el público y juraría a gritos que no sentía nada. El anuncio era él.

En el puente se vendían también panfletos y gacetas, hasta que en 1649 un reglamento echó a los vendedores, en buena parte por presión de los libreros. Aquellos vendedores son los antepasados de los buquinistas, los de las cajas verdes de libros que ves hoy en los muelles. Y en el propio puente funcionó durante mucho tiempo una gran bomba de agua, la Samaritana, que subía agua del Sena para los palacios.

¿Quién es el rey de la estatua del Pont Neuf?

Enrique IV, a caballo, en el terraplén que une el puente con la punta de la isla. Pero la estatua que ves no es la primera.

La primera la encargó su esposa, María de Médici, en vida del rey, y llegó en 1614, cuando él ya había muerto. Según la Ciudad de París, fue la primera estatua ecuestre de un rey de Francia levantada en una plaza pública de la ciudad. En 1792, en plena Revolución, se fundió.

La actual es de 1818, obra del escultor Lemot. Y aquí está la ironía: según la Ciudad de París, se hizo con el bronce de la columna de Napoleón en Boulogne-sur-Mer y de una estatua del general Desaix. Un rey, fundido con el metal de un emperador. En París, hasta el bronce cambia de bando. Para traerla desde el taller, los propios parisinos relevaron a los bueyes y la arrastraron durante tres días a lo largo de seis kilómetros; sesenta caballos se encargaron del tramo final.

Durante la restauración de 2004 apareció otra sorpresa: dentro del caballo había siete cajas de plomo selladas con documentos. Hay quien añade que un fundidor bonapartista escondió una estatuilla de Napoleón en el brazo del rey. Esa la contamos como lo que es: una historia que circula y que no hemos podido confirmar en ninguna fuente fiable.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: el Pont Neuf es el más viejo de los puentes de París que siguen en pie; se llamó «nuevo» por la novedad de no llevar casas y tener aceras, las primeras de la ciudad.
  • Hecho: Enrique III puso la primera piedra el 31 de mayo de 1578, el día del entierro de sus favoritos; el mote de puente de los Llantos es una anécdota antigua transmitida.
  • Discrepancia: el final de las obras se fecha en 1606 o en 1607, según la fuente.
  • Dicho atribuido: que ninguno de los que se cayeron al río era rey como él lo recoge un cronista con un «según se dice».
  • Relato transmitido: el poeta que se dejó sacar dos dientes, contado a partir de una estampa antigua.
  • Hecho: la estatua de 1818 se fundió con bronce napoleónico, y en 2004 aparecieron siete cajas de plomo en su interior.
  • Sin confirmar: la estatuilla de Napoleón escondida en el brazo del rey.

Dónde escucharla

El Pont Neuf tiene dos paradas al comienzo de «La isla de la Cité: del Pont Neuf a Notre-Dame», la ruta gratuita de Podtour en París. La parada «Pont Neuf: el puente de los Llantos» se escucha sobre el propio puente, junto a sus balcones en media luna, y cuenta por qué el más viejo se llama nuevo. Justo antes, «Pont Neuf: el rey de bronce» se planta delante de Enrique IV y de su caballo con sorpresa.

Son once paradas en algo más de un kilómetro, de la punta de la isla al atrio de Notre-Dame, siguiendo el último día del último maestre templario. Todo se escucha desde la calle.

Si estás preparando el viaje, en la guía de París tienes lo práctico.

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