Nicolas Flamel, el alquimista que nunca hizo oro

A unos pasos de la torre Saint-Jacques hay una calle que lleva su nombre, la rue Nicolas-Flamel, y en una esquina se encuentra con otra dedicada a su mujer, la rue Pernelle. El registro oficial de calles de París lo describe como «maître écrivain et alchimiste français». La primera parte es verdad. La segunda es una de las leyendas mejor fabricadas de la ciudad.

La fachada de la casa de Nicolas Flamel en la rue de Montmorency de París.

Quién fue Nicolas Flamel

Nicolas Flamel existió, y no tenía nada de misterioso. Vivió en París entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, y era lo que entonces se llamaba un escritor: no un novelista, sino un profesional de la pluma. Hacía copias de documentos y libros, vendía libros como librero jurado de la Universidad y llevaba la administración de rentas ajenas. De ese oficio, según los papeles, salía su dinero.

Era parroquiano de Saint-Jacques-de-la-Boucherie, la iglesia cuyo campanario es hoy la torre Saint-Jacques. Su mujer se llamaba Pernelle, y el matrimonio se hizo donación mutua de todos sus bienes: lo de uno pasaba a ser de los dos. El detalle parece cosa de notaría, pero importa. Explica buena parte de su patrimonio y, de paso, un pleito posterior con los parientes de Pernelle por la herencia.

Lo que dicen los papeles

En lo que gastaron ese dinero sí hay rastro. Desde 1406, Flamel compró solares en la rue de Montmorency, entonces una calle medio en ruinas, «par où petit de gens passent», por donde pasaba poca gente. Los monjes de Saint-Martin-des-Champs le autorizaron a levantar allí casas de limosna con una sola condición: que no construyera capilla. La idea era alojar gratis a los pobres.

Pagó además el pequeño portal de su parroquia, el que daba a la rue des Écrivains, la calle de los escritores, y fue enterrado en esa iglesia. Y costeó arcos de las galerías que rodeaban el cementerio de los Inocentes, el viejo cementerio del centro de París. Apúntate ese cementerio: la leyenda va a nacer allí.

La leyenda: oro, elixir y dos entierros de mentira

Para mucha gente, aquella fortuna sólo admitía una explicación: Flamel había dado con la piedra filosofal, la sustancia con la que los alquimistas soñaban convertir los metales en oro.

Y la versión completa es todavía mejor. Según una fábula que circuló siglos después, Pernelle fingió su propia muerte: lo que se enterró en el cementerio de los Inocentes no fue su cuerpo, sino unas ropas y un pedazo de madera, mientras ella se marchaba a Suiza. Más tarde Nicolas hizo lo mismo. Gracias a un elixir, los dos vivirían por lo menos tanto como los primeros hombres, es decir, mil años. En el siglo XVIII, el viajero Paul Lucas la contó con todo detalle en el relato de su viaje a Grecia.

Un abad en los archivos

En 1761 un abad, Étienne-François Villain, se fue a los archivos. Revisó actas de la parroquia de Saint-Jacques-de-la-Boucherie y del priorato de Saint-Martin-des-Champs y publicó una historia crítica de la pareja, la Histoire critique de Nicolas Flamel et de Pernelle sa femme. Su larguísimo título promete justificar, con actas antiguas, «el origen y la medianía de su fortuna» frente a lo que le atribuían los alquimistas.

Su conclusión tiene gracia. Por un lado, la fortuna de Flamel era mediana, nada fabulosa. Por otro, era demasiado holgada para alguien que hubiera dedicado su vida a la alquimia, una obra en la que, según el abad, uno se arruina sin remedio. Y a la historia de las muertes fingidas la llamó por su nombre: una fábula, y bastante mal urdida.

¿Y las figuras de los Inocentes? Flamel había pagado un arco con pinturas que los alquimistas leían como un jeroglífico: la receta de la piedra, en clave. Para el abad eran imágenes religiosas corrientes: el Juicio Final, la matanza de los Inocentes y los símbolos de los cuatro evangelistas. Lo resumió en una frase que merece cita: eran «très-mystérieux aux yeux des Alchymistes, et sans mystère à quiconque n'y en cherche point». Misteriosísimas para los alquimistas; sin misterio para quien no lo busca.

Cómo se fabrica un alquimista

Si Flamel no hizo oro, ¿de dónde sale el mito? Siguiendo al abad se puede reconstruir el camino, y es una pequeña lección sobre cómo crecen las leyendas.

Primero, unas pinturas piadosas en un cementerio que alguien decide leer en clave. Luego llega la imprenta: en el siglo XVI, un tal Gohorry fue de los primeros en publicar una fama que hasta entonces era sólo «une tradition incertaine», una tradición dudosa, y en el XVII ya circulaban impresos varios tratados de alquimia atribuidos a Flamel. Entre lo que se le atribuye hay incluso un libro que dice explicar las figuras del cementerio como una receta; para el abad, una novela escrita a posteriori por algún alquimista. En el XVIII, Paul Lucas ya contaba con todo detalle la muerte fingida y los mil años.

Ni siquiera el libro de Villain cerró el asunto. En 1844, el gran diccionario de las calles de París todavía repetía que en tiempos de Flamel se creyó que había hallado la piedra filosofal. Y la ciudad, que le dedicó una calle en 1851, lo describe en su registro oficial de calles como alquimista. La leyenda acabó con rango oficial.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: Flamel existió. Fue escritor y librero en París, se casó con Pernelle y compartió con ella todos sus bienes. Construyó casas para pobres en la rue de Montmorency, pagó un portal de su parroquia y arcos del cementerio de los Inocentes, y fue enterrado en Saint-Jacques-de-la-Boucherie.
  • Leyenda: la piedra filosofal y el oro. También la muerte fingida y los mil años de vida, una fábula que en el siglo XVIII contaba Paul Lucas.
  • Interpretación atribuida: que las figuras de los Inocentes fueran escenas religiosas y el libro alquímico una novela posterior. Es la tesis de Villain (1761), apoyada en actas.
  • Afirmación popular, sin respaldo: que la casa de la rue de Montmorency sea «la más antigua de París». Se repite mucho, pero la protección oficial sólo la data en el primer cuarto del siglo XV, y el superlativo no lo respalda ninguna fuente que hayamos leído.

Lo que queda de Flamel en París

  • La torre Saint-Jacques. Es el campanario de su parroquia, la iglesia donde fue enterrado. La iglesia se vendió en 1797 para aprovechar su piedra, con una condición: respetar el campanario. Por eso la torre está sola.
  • Las calles Nicolas-Flamel y Pernelle, bautizadas por el mismo decreto de 1851.
  • La «casa de Nicolas Flamel», en el número 51 de la rue de Montmorency. El Estado la protege como monumento histórico con el nombre de «Maison dite de Nicolas Flamel»: ese dite, «llamada», avisa de que la atribución es tradicional. Se data en el primer cuarto del siglo XV y sólo su fachada está clasificada, desde 1911.
  • La plaza de la fuente de los Inocentes, donde estaba el cementerio de los arcos pintados. El cementerio desapareció a finales del siglo XVIII.

Dónde escucharla

Podtour cuenta a Flamel en la ruta Misterios del viejo París: de la Grève a los Inocentes. La pregunta se abre en la rue Nicolas-Flamel («Flamel: la tumba, la piedra filosofal y la fábula de la inmortalidad») y se resuelve más adelante, en el lugar donde nació la leyenda («Los muertos que se mudaron de noche»). Por el camino hay patíbulos, una envenenadora, un guerrero de botas doradas y un rey apuñalado en un atasco.

Y si quieres empezar por algo gratis, La isla de la Cité: del Pont Neuf a Notre-Dame, nuestra ruta gratuita.

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