La estatua de Felipe III de la Plaza Mayor y la leyenda de los pájaros

La respuesta corta: se cuenta que dentro del caballo de Felipe III aparecieron huesos de pájaros que entraban por la boca y no sabían salir, pero no hemos encontrado ninguna fuente de la época que lo confirme. Es una leyenda. Lo que sí está documentado es que en abril de 1931 alguien metió petardos por la boca del caballo y lo reventó.

Estatua ecuestre de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid, con el caballo alzando una pata delantera

En el centro de la Plaza Mayor, un rey de bronce avanza al paso. El caballo levanta una pata delantera, curva el cuello y lleva las crines largas. Parece la estatua más tranquila de Madrid. Su historia no lo es: un regalo de Florencia que pasó más de dos siglos en un jardín, un cronista que lo trajo a la plaza, un rey que salió de la plaza y volvió a ella, y una explosión. Vamos por partes.

¿De dónde viene la estatua de Felipe III?

De Florencia. En 1606, el gran duque Fernando I de Médici encargó una estatua ecuestre de Felipe III a Giambologna, al que en castellano se llamaba Juan de Bolonia. Giambologna modeló el caballo y no llegó a hacer la figura del rey: murió antes. Esa figura se atribuye a Pietro Tacca, cuya firma aparece en la cincha del caballo.

Una vez en Madrid, el bronce no fue a ninguna plaza. Estuvo primero en los jardines del Alcázar, el palacio real de entonces, y desde 1617 en el Jardín Reservado de la Casa de Campo. Allí se quedó hasta 1848. Más de dos siglos de rey de jardín.

Mientras tanto, el rey de la estatua ya había dejado su huella en otro sitio. Felipe III mandó rehacer la vieja plaza del Arrabal, y el arquitecto Juan Gómez de Mora la terminó en 1619. Es la Plaza Mayor. En sus fiestas, según los escritores de la época, cabían hasta cincuenta mil espectadores.

¿Quién puso la estatua en la Plaza Mayor?

Un cronista. Ramón de Mesonero Romanos es el gran narrador del Madrid viejo: paseaba la ciudad que estaba desapareciendo y la contaba. Además, era concejal. En mayo de 1846, dentro de su Proyecto de Mejoras Generales, propuso llevar la estatua a la Plaza Mayor. Su argumento era de una lógica aplastante: Felipe III era el rey que había construido la plaza.

Isabel II aceptó la propuesta y en 1848 el caballo se instaló en la plaza, sobre un pedestal de Juan José Sánchez Pescador, el arquitecto de las Casas del Cordero de la Puerta del Sol.

Mesonero lo contó en su libro El antiguo Madrid, de 1861, con un despiste simpático: le atribuye la estatua a un tal «Felipe de Borgoña». Hasta los mejores cronistas se equivocan de escultor.

La plaza que recibió al caballo, por cierto, ya no era exactamente la de Felipe III. La noche del 16 de agosto de 1790 empezó un incendio que destruyó el lado oriental, y Juan de Villanueva la rehízo: rebajó alturas, cerró las esquinas y abrió arcos. La plaza quedó cerrada del todo en 1853.

¿Siempre ha estado la estatua en la Plaza Mayor?

No. Tras 1868 la retiraron a los almacenes de la Villa. Durante la Primera República se planteó sustituirla por una alegoría de los Mártires del 7 de julio de 1822, pero aquello se quedó en proyecto. En 1875, Felipe III volvió a su sitio.

No era lo único que subía y bajaba en esta plaza. La propia plaza llevaba décadas cambiando de placa. En 1812 se descubrió sobre el balcón de la Casa de la Panadería una lápida que la llamaba «Plaza de la Constitución». La rompieron en 1814, se repuso en 1820, en 1823 la arrancaron para poner otra que decía «Plaza Real» y la de la Constitución volvió después de 1833. En la Plaza Mayor, los cambios de gobierno se notaban en la piedra y en el bronce.

¿Qué le pasó al caballo en 1931?

En abril de 1931, tras proclamarse la República, alguien metió petardos por la boca del caballo. La explosión derribó el conjunto. El caballo perdió la cabeza, el cuello y la grupa, y el rey quedó decapitado.

Juan Cristóbal lo recompuso con más de cien piezas, en un trabajo que duró hasta 1934. Así que una parte de lo que ves hoy es fruto de aquella reconstrucción.

Fíjate en un detalle. La declaración de la estatua como Bien de Interés Cultural, que cuenta el atentado con precisión, dice que los petardos se introdujeron a través de la boca del caballo. Es decir, en 1931 aquella boca estaba abierta. Y es justo por ahí por donde entra la leyenda.

¿Es verdad lo de los pájaros muertos dentro del caballo?

La historia que circula dice así: durante años, pajarillos entraban por la boca abierta del caballo, no encontraban la salida y morían dentro. Cuando el caballo se abrió, aparecieron sus huesos, y por eso le sellaron la boca. En la versión que hemos leído, los huesos aparecen tras la explosión de 1931; otras webs sitúan el hallazgo en otra época.

¿Es verdad? Lo honesto es decir que no lo sabemos. La versión que hemos leído aparece en divulgación reciente, sin decir de dónde la saca. La declaración de Bien de Interés Cultural, que repasa la explosión y la reconstrucción pieza a pieza, no menciona pájaros. Y no hemos localizado ninguna noticia ni informe de la época que hable de huesos. Que unas versiones la fechen en un momento y otras en otro tampoco ayuda.

Puede que algún día aparezca un periódico de aquellos días que la confirme. Hasta entonces, es lo que es: una leyenda estupenda sin un papel que la respalde. Lo documentado ya es bastante raro: un caballo florentino que reventó por la boca.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: encargo de Fernando I de Médici a Giambologna en 1606; figura del rey atribuida a Pietro Tacca, que firmó en la cincha; en los jardines del Alcázar y de la Casa de Campo hasta 1848; propuesta de Mesonero en 1846 y llegada a la plaza en 1848; retirada tras 1868 y vuelta en 1875; petardos por la boca del caballo en abril de 1931 y reconstrucción hasta 1934.
  • Proyecto que no salió: sustituir al rey por una alegoría de los Mártires del 7 de julio de 1822, durante la Primera República.
  • Leyenda sin comprobar: los huesos de pájaros dentro del caballo y la boca sellada por ese motivo. No hemos localizado ninguna fuente de la época, y las versiones que circulan ni siquiera coinciden en la fecha.
  • Error de cronista: Mesonero atribuyó la estatua a un «Felipe de Borgoña».

Dónde escucharla

La historia del caballo se cuenta frente a la estatua, en la parada «Un caballo de Florencia reventado en 1931» de «De la Puerta del Sol a la Plaza Mayor», la ruta gratuita de Podtour en Madrid: once paradas en algo más de un kilómetro. La ruta empieza junto al Oso y el Madroño, otra estatua con mudanzas, en la parada «El Oso que se mudó». Y en la Plaza Mayor, la parada «Cinco nombres para una plaza» cuenta la guerra de las placas.

Si estás preparando el viaje, en la guía de Madrid tienes lo práctico.

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