Sweeney Todd: ¿existió el barbero de Fleet Street?
Respuesta corta: no hay ninguna prueba de que Sweeney Todd existiera. El barbero asesino de Fleet Street nació en papel, en un folletín de 1846 publicado a un paseo de la iglesia de St Dunstan-in-the-West, que es justo donde mucha gente coloca su barbería. La respuesta larga tiene más gracia, porque explica por qué tanta gente sigue convencida de que fue real: el propio libro juró que lo era, y en el siglo XX hubo quien le fabricó una biografía.

¿Quién inventó a Sweeney Todd?
Fleet Street era la calle de la tinta. Y en Salisbury Square, una placita a un lado de la calle, estaba la casa de Edward Lloyd, especialista en folletines a penique: novelas por entregas, baratas y de miedo, que el público seguía semana a semana.
En noviembre de 1846, Lloyd empezó a publicar en una de sus revistas, The People's Periodical and Family Library, un folletín titulado The String of Pearls (algo así como «La sarta de perlas»). Fueron dieciocho entregas semanales, hasta marzo de 1847. Es la primera vez que asoma Sweeney Todd, barbero de profesión y vecino de Fleet Street. Sobre la tienda luce su nombre, en unas letras amarillas que el texto llama «extremadamente corpulentas». En esa historia engordaba hasta la tipografía.
¿Quién la escribió? Probablemente James Malcolm Rymer, un escritor que trabajaba para Lloyd. Durante años se atribuyó a otros, como Prest, y la autoría todavía no está cerrada del todo. En 1850 la historia salió reunida en un solo volumen, con una portada que no deja dudas sobre su origen: «Published by E. Lloyd, Salisbury Square, Fleet Street».
¿Por qué se dice que Sweeney Todd fue real?
Esa edición de 1850 trae un prólogo, y ahí empieza el mito del Todd de carne y hueso. Habla en nombre del autor, que contesta a los lectores que preguntaban si Todd había existido: sin duda existió un hombre así, asegura, y el registro de sus crímenes todavía puede encontrarse en «las crónicas de la criminalidad» (the chronicles of criminality) del país.
Después remata la faena con dos detalles. La casa de Todd, explica, ya no existe, porque un incendio arrasó media docena de edificios de ese lado de la calle. Pero hay un pasadizo secreto entre el sótano del barbero y las bóvedas de St Dunstan's que, «sin duda cegado en parte» cuando se reconstruyó la iglesia, «todavía existe» (still remains).
Léelo despacio, porque el truco está en lo que falta. Un registro que no se cita. Una casa desaparecida. Un túnel que nadie puede enseñar. Ni el nombre de una víctima, ni una fecha, ni un juicio. Es una «prueba» que, tal como está planteada, nadie puede comprobar.
Hay que reconocerle el oficio. La reconstrucción de St Dunstan's sí ocurrió: la iglesia actual es de 1831. Así que el detalle del túnel tenía un pie en la realidad, que es justo lo que necesita una buena mentira.
¿Hay registros de un Sweeney Todd real?
La idea de un Sweeney Todd real es uno de esos mitos que Londres cuenta como si fueran historia. Y sus «pruebas» se han ido poniendo al día.
En 1924, el programa de mano de una función en Nueva York aseguraba que el Newgate Calendar, la célebre recopilación de casos de condenados, recogía su ahorcamiento en enero de 1802, y hasta le daba fecha de nacimiento. En 1993, Peter Haining, periodista de Fleet Street, fue más lejos: publicó Sweeney Todd: The Real Story of the Demon Barber of Fleet Street, presentado como la biografía definitiva tras veinte años de investigación. Su Todd nacía en Stepney en 1756, pasaba cinco años preso por un pequeño robo y salía jurando venganza.
El estudioso Robert L. Mack, que ha dedicado años a la historia del personaje, revisó esas fuentes. Encontró ficciones que nunca habían pretendido ser otra cosa y registros de crímenes y juicios que no existen. Y un detalle revelador: el resumen de Haining repetía casi palabra por palabra la propaganda de aquellos viejos programas de teatro.
Así que, si alguien te asegura que Todd «sale en los archivos», haz las preguntas que el prólogo de 1850 esquivó: qué tribunal, qué año, qué víctimas, qué documento. Si la respuesta es una casa quemada y un túnel tapiado, o un libro que cita papeles que nadie encuentra, ya sabes de qué receta se trata.
Nadie ha encontrado el caso. Dicho con precisión: que no aparezca no demuestra al cien por cien que no hubiera nunca un barbero criminal en Londres. Pero quien primero afirmó que había un registro no dio ni una pista para encontrarlo, y escribía para un negocio que vivía de vender sustos por entregas. Con esas cartas, la carga de la prueba es suya.
¿Dónde estaba la barbería? Lo que sí era real
En la novela, pegada a St Dunstan's. Fuera de la novela, en ningún sitio que alguien haya podido documentar. Pero la iglesia sí guarda algo que el autor no se inventó. Mira su fachada, en persona o en una foto: sobre el reloj, en su pabellón, hay dos gigantes con mazas que golpean las campanas. Esos existen. Y la novela los usa.
The String of Pearls arranca con la barbería junto a la iglesia, en tiempos en que Jorge III era joven, y con la gente mirando cómo las dos figuras daban los cuartos. El texto las describe como un gran estorbo para los recaderos y un motivo de pasmo para la gente del campo. En otro capítulo es el propio Todd quien se las recomienda a un cliente: según él, son tan grandes como la vida y cinco veces más naturales. Un barbero con sentido del humor. No está claro que eso tranquilice.
El decorado estaba bien escogido. La iglesia de entonces no era la de ahora: se adelantaba unos nueve metros sobre la calzada y tenía tiendas pegadas a sus paredes, cada una con su rótulo asomando a la calle. Una barbería de novela encajaba ahí sin esfuerzo.
Un siglo lejos de Fleet Street
Los gigantes se colocaron en 1671, cinco años después del Gran Incendio, y fueron un éxito: a principios del siglo XVIII, una guía de Londres contaba que, los domingos, los gigantes tenían más público que el predicador. Un crío de buena familia que iba a verlos repetía que, de mayor, «esos gigantes» serían suyos. Lo cumplió. Ya marqués de Hertford, en 1830, con la iglesia vieja a punto de dar paso a la nueva, los compró para su residencia de Regent's Park. Fleet Street no recuperó a sus gigantes hasta 1935, cuando Lord Rothermere los trajo de vuelta.
Resumiendo: lo más auténtico de la historia de Sweeney Todd también pasó un siglo lejos de esta calle. La diferencia con el barbero es que los gigantes volvieron.
Hecho o leyenda.
- Hecho: Sweeney Todd aparece por primera vez en The String of Pearls, el folletín que Edward Lloyd, editor de Salisbury Square, empezó a publicar en noviembre de 1846.
- Hecho: el prólogo de la edición de 1850 asegura que Todd existió, que sus crímenes constan en «las crónicas de la criminalidad» y que el pasadizo hasta St Dunstan's sigue ahí. No da ningún caso, fecha ni documento.
- Sin pruebas: que existiera un Todd real. Nadie ha encontrado el caso, y quien lo afirmó nunca dijo dónde buscarlo.
- Sin respaldo: las «biografías» modernas, como la de 1993. Según quien las ha revisado, sus fuentes son ficciones o registros que no existen.
- Probable, no seguro: que el autor fuera James Malcolm Rymer.
- Hecho: los gigantes del reloj, de 1671, salen en la novela; pasaron un siglo en Regent's Park y volvieron a la iglesia en 1935.
Dónde escucharla
Podtour cuenta esta historia en la ruta «Fleet Street y el Temple: imprentas, abogados y Sweeney Todd», delante de St Dunstan-in-the-West. La parada «El barbero que nunca existió» desmonta el prólogo de 1850, y la siguiente, «Los gigantes del reloj, lo único real», se escucha con los dos gigantes a la vista. La ruta forma parte del tema Leyendas y fantasmas con fecha.
Si estás preparando el viaje, en la guía de Londres tienes lo práctico.
Para saber más
- [James Malcolm Rymer, atr.], The String of Pearls, or, The Barber of Fleet Street: a Domestic Romance, E. Lloyd, Londres, 1850 (prefacio y capítulo I). Internet Archive: https://archive.org/details/stringofpearlsor00ryme
- Walter Thornbury, Old and New London, vol. 1, Cassell, Petter & Galpin, Londres, 1878 (capítulo «Fleet Street: General Introduction»). British History Online: https://www.british-history.ac.uk/old-new-london/vol1/pp32-53
- Robert L. Mack, «Confronting the ‘Real’ Sweeney Todd: a Personal Journey of Discovery», Victorian Popular Fictions 4.2 (2022), pp. 136–145, DOI 10.46911/UKUD3206: https://victorianpopularfiction.org/wp-content/uploads/2023/01/009-Mack-VPFJ-4-2.pdf
- Ablett Architects, para el Guild Church Council of St Dunstan, «St Dunstan-in-the-West: The Giants Clock» (PDF de proyecto). https://www.ablettarchitects.co.uk/wp-content/uploads/2018/02/St-Dunstan-in-the-West-The-Giants-Clock.pdf
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