El terremoto de Lisboa de 1755 y la ciudad que nació después
Era sábado, día de Todos los Santos, y las iglesias de Lisboa estaban llenas de velas. Entre las nueve y las diez de la mañana, un inglés terminaba una carta cuando el papel empezó a temblar sobre la mesa. Lo que vino después, primero la tierra, luego el agua y al final el fuego, borró el corazón de la ciudad. Lo que se levantó encima es la Lisboa que pisas hoy.

Una mañana de fiesta junto al río
El 1 de noviembre de 1755, por la mañana, un terremoto de unos seis minutos sacudió Lisboa. La Baixa, la parte llana junto al Tajo, fue de las zonas más castigadas. Al temblor le siguió un tsunami y, después, un incendio que duró días.
Imagina la orilla de entonces. Donde hoy se abre la Praça do Comércio estaba el Terreiro do Paço, literalmente la explanada del palacio: el palacio real, la aduana, la Casa da Índia, la Casa de la Moneda, el arsenal y un teatro de ópera inaugurado unos meses antes de la catástrofe. Detrás, un laberinto de calles medievales con tiendas llenas de mercancías del comercio con las Indias.
La familia real, eso sí, no estaba allí. Estaba en su quinta de Belém, río abajo, y la quinta aguantó.
Lo visto y lo oído
El inglés de la carta era el reverendo Charles Davy. Cuenta que vio abrirse las paredes de su casa, caer piedras grandes y asomar las vigas por el tejado. Salió por calles estrechas entre casas caídas, trepó por las ruinas de la iglesia de San Pablo hasta la orilla y allí vio venir una masa de agua «como una montaña». Sobrevivió aferrado a una viga.
Davy cuenta también una de las imágenes más famosas del terremoto: un muelle nuevo, todo de mármol, que el río se tragó con la gente que se había refugiado en él. Y aquí llega lo que hace valiosa su carta: reconoce que eso no lo vio. Lo supo por unos capitanes de barco. Días después fue a mirar y sólo encontró agua profunda.
¿Qué muelle era? No lo sabemos. Davy lo sitúa a unos pocos tiros de piedra de donde él estaba, cerca de San Pablo; ponerle nombre sería adivinar. Cuando se cuenta una catástrofe, la tentación de adornarla es enorme. Un testigo que separa lo visto de lo oído vale oro.
El fuego de las velas
Davy tenía su propia explicación del incendio. Era Todos los Santos y en cada altar de cada iglesia ardían velas, que prendieron cortinas y maderas caídas. Es su interpretación, y él mismo añade otras causas. Al anochecer, escribe, la ciudad ardía «en cien sitios distintos» y había tanta luz que se podía leer. El fuego siguió seis días.
Hubo además una ironía cruel: el gran Hospital Real de Todos os Santos, donde hoy está la Praça da Figueira, quedó arrasado precisamente el día de su santo.
¿Cuántas personas murieron? Te debemos una respuesta honesta: en las fuentes que hemos leído no hay una cifra firme, y preferimos no repetir números redondos que no podemos sostener.
Arrasar y volver a dibujar
En 1756 se creó la Casa do Risco (risco significa trazado o dibujo), un equipo de ingenieros militares con Manuel da Maia, Eugénio dos Santos y Carlos Mardel. Hubo varias propuestas, y el ministro del rey, el futuro marqués de Pombal, optó por la solución más radical: arrasar lo que quedaba de la Baixa y trazarla de nuevo. Eugénio dos Santos dibujó una cuadrícula de ocho calles de sur a norte y nueve de este a oeste. Por eso, en el plano, la Baixa parece un tablero colocado entre colinas.
La vieja explanada del palacio se convirtió en una plaza real abierta al río. Se llama Praça do Comércio desde un documento de 1759, y sus edificios los pagaron los comerciantes. En el centro, la estatua ecuestre del rey José, obra de Machado de Castro, quedó terminada en 1775.
El arco de la Rua Augusta, la gran puerta de la nueva Baixa, se diseñó entonces, pero no se remató hasta pasado más de un siglo desde el terremoto; las fuentes no se ponen de acuerdo en el año exacto. Entre sus estatuas, junto a Vasco da Gama, Viriato y Nuno Álvares Pereira, aparece el propio Pombal. No es mal sitio para el ministro que mandó rehacerla.
La jaula escondida en las paredes
Lo más interesante de la Baixa no se ve. Las normas de la reconstrucción obligaron a meter dentro de los muros una estructura de madera unida a los suelos, la gaiola pombalina o «jaula pombalina», y a separar los edificios con cortafuegos, para que la casa se comportara mejor cuando la tierra temblara.
En su candidatura de 2017 a la UNESCO, Portugal describe la gaiola como el sistema antisísmico más avanzado del siglo XVIII. El superlativo es del propio candidato: tómalo con su pizca de sal.
Y ahora, el giro. En el yacimiento que hay bajo un banco de la Rua dos Correeiros, a unos cuatro metros de profundidad, aparece la cimentación pombalina: un entramado de madera apoyado en estacas de pino verde, hundidas en el agua del subsuelo. Pero allí mismo salió también una casa del siglo XVI cimentada ya sobre pilares de madera. La solución no se inventó después del terremoto: Lisboa ya la conocía.
La ruina que alguien decidió conservar
En lo alto del Chiado, los arcos sin techo del Carmo parecen la iglesia tal como quedó aquella mañana. No lo son. Arruinada en 1755, se fue reconstruyendo en estilo neogótico hasta que la obra se paró en 1834, con la extinción de las órdenes religiosas, y el gusto romántico del siglo XIX decidió que las naves quedaban mejor al aire. Los arcos que ves son de esa reconstrucción interrumpida, no de la Edad Media.
¿Castigo divino o causas naturales?
El terremoto también sacudió las ideas. Frente a la explicación oficial por causas naturales, un jesuita influyente en la corte, Gabriel Malagrida, publicó un folleto que lo atribuía a un castigo divino por los pecados de la corte y de la ciudad. Poco después, Voltaire se burló en Cándido (1759) de los sabios portugueses que, para evitar nuevos temblores, no encontraron nada mejor que un auto de fe.
El desenlace nadie lo habría escrito así: en 1761, el propio Malagrida fue el último condenado a muerte por la Inquisición en Portugal, ejecutado en el Rossio. Pero esa historia tiene su propia parada.
Hecho o leyenda.
- Hecho: el terremoto del 1 de noviembre de 1755, el tsunami y un incendio de varios días; la reconstrucción con cuadrícula y gaiola.
- Testimonio de oídas: el muelle de mármol que se tragó el río. Davy lo cuenta, pero avisa de que no lo vio, y no sabemos qué muelle era.
- Frase sin dueño seguro: «enterrar a los muertos y cuidar de los vivos» se atribuye a Pombal, pero la atribución está discutida y no hemos encontrado su primera aparición. No se la ponemos en la boca.
- Sin fuente que lo sostenga: que la Alfama sobreviviera intacta o que el terremoto apartara el río de la Torre de Belém. No lo hemos visto documentado; en Belém, todo apunta a que fue la orilla la que avanzó con los rellenos.
Dónde escucharla
Esta historia se cuenta, parada a parada, en La Baixa de Lisboa: del Terreiro do Paço al Rossio, la ruta gratuita de Podtour en Lisboa: once paradas casi llanas y al aire libre. Empieza en el Cais das Colunas con la carta de Davy y sigue con la Casa do Risco ante la estatua del rey José, el arco de la Rua Augusta y la jaula de madera de la Baixa. La ruina del Carmo está en la ruta Chiado y Bairro Alto; el hospital caído el día de su santo y la última hoguera de Malagrida, en Del Rossio a la Mouraria.
Para saber más
- Charles Davy, «The Earthquake at Lisbon, 1755», carta publicada en sus Letters (1787); edición de Eva March Tappan (1914) en Internet History Sourcebooks, Fordham University. https://sourcebooks.fordham.edu/mod/1755lisbonquake.asp
- Património Cultural (DGPC), ficha de inventario de la Praça do Comércio. https://imovel.patrimoniocultural.gov.pt/detalhes.php?code=70275
- Delegación Permanente de Portugal ante la UNESCO, «Pombaline Lisbon», lista indicativa (2017). https://whc.unesco.org/en/tentativelists/6226/
- Fundação Millennium bcp, Núcleo Arqueológico da Rua dos Correeiros (NARC). https://fundacaomillenniumbcp.pt/en/nucleo-arqueologico/
- Museu Arqueológico do Carmo, historia de las ruinas y del museo. https://museuarqueologicodocarmo.pt/mac_en.html
- Voltaire, Candide, ou l'optimisme (1759), capítulo VI, Project Gutenberg. https://www.gutenberg.org/cache/epub/4650/pg4650.txt
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Dónde escuchar esta historia

La Baixa de Lisboa: del Terreiro do Paço al Rossio
Otras rutas mencionadas (2)

Chiado y Bairro Alto: el 25 de Abril, el incendio y Pessoa
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