Calçada portuguesa: ¿por qué el suelo del Rossio tiene olas?

La respuesta corta: las olas blancas y negras del Rossio son un dibujo de calçada portuguesa, el empedrado de piedras pequeñas que cubre tantas aceras de Lisboa, y tienen nombre propio: Mar Largo. Las ideó un general, el gobernador del castillo de San Jorge, y se colocaron entre 1848 y 1849, primero con presos y al final con los empedradores del ayuntamiento. El nombre es un guiño al mar de los navegantes y a Camões. Eso sí: lo que pisas hoy no es el original. El dibujo se levantó en 1919 y no volvió hasta 2001.

Ondas blancas y negras de calçada portuguesa en el suelo de la plaza del Rossio, en Lisboa

¿Quién inventó la calçada portuguesa?

La idea de dibujar el suelo con piedra blanca y negra se atribuye a un militar: Eusébio Pinheiro Furtado, teniente general y gobernador de armas del castillo de San Jorge. Hacia 1841 o 1842, que en eso las fuentes no se ponen de acuerdo, hizo empedrar en el castillo un zigzag blanco y negro: en el patio de armas, según la asociación dedicada a la calçada; en uno de los accesos, según un estudio de 2024.

Quienes colocaron aquellas piedras eran presos. Les decían grilhetas, por las cadenas que llevaban sujetas a los tobillos. De qué cárcel salían tampoco está del todo claro: un estudio los hace venir de la cárcel del Limoeiro y otras fuentes hablan de presos del propio castillo.

Aquel suelo convenció a la ciudad. En mayo de 1844, el municipio costeó una calle empedrada del mismo modo, la del Marquês de Tancos. Era el principio de algo más grande.

¿Por qué hay un mar dibujado en el Rossio?

En 1845 se prohibió el paso de carruajes y caballos por el centro del Rossio, y el ayuntamiento tuvo que decidir qué ponía en su lugar. En abril de 1848 aprobó pavimentarlo, y en julio dio el visto bueno al dibujo que proponía Furtado: grandes ondas blancas y negras.

Las obras arrancaron el 17 de agosto de 1848 y terminaron el último día de 1849. Los grilhetas trabajaron junto a los calceteiros, los artesanos del empedrado. Como cada vez quedaban menos presos, el remate corrió a cargo de los empedradores municipales. En total, 8.712 metros cuadrados. El blanco es piedra caliza; el negro, basalto.

Al dibujo se le llamó Mar Largo. Un estudio de 2024 explica que el nombre homenajea a los descubrimientos portugueses y evoca una expresión de Camões en Os Lusíadas, la «conquista do mar largo», la del mar abierto. Una ciudad de marinos se dibujaba el océano en pleno centro, y a mano, piedra a piedra.

¿Son originales las olas que pisas?

No. En 1919, el Mar Largo se levantó, y durante décadas el Rossio vivió sin su mar. Por qué se quitó, las fuentes que hemos leído no lo explican.

El regreso fue lento y tiene versiones. El mismo estudio de 2024 habla de una reposición parcial en 1976. La asociación dedicada a la historia de la calçada fecha el 25 de junio de 1979 el acuerdo, aprobado por unanimidad en el ayuntamiento, para devolverlo al Rossio, aunque a menor escala, porque el tráfico seguía necesitando su sitio. En lo que todos coinciden es en el final: el dibujo que ves llegó con la rehabilitación de la plaza, empezada en 1995 e inaugurada en 2001.

Así que, si te dicen que esas piedras son las de 1848, ya sabes que no.

¿Qué tiene que ver Copacabana con el Rossio?

Mientras Lisboa se quedaba sin olas, el dibujo ya había cruzado el Atlántico. Según el estudio de 2024, a principios del siglo XX las ondas de calçada pavimentaban el Largo de São Sebastião, en Manaus, y el paseo marítimo de Copacabana, en Río de Janeiro. Una agencia de noticias portuguesa, citando a los historiadores del ayuntamiento de Lisboa, lo resume así: el Mar Largo del Rossio es el mismo dibujo que, décadas después, se replicó en Copacabana.

Ojo, eso sí, con la versión rápida, la de «Copacabana es una copia del Rossio». El famoso calçadão de hoy se inauguró en 1970 y es obra de Roberto Burle Marx, que reinventó un diseño de ondas que ya estaba allí desde mucho antes. El parentesco existe. La fotocopia, no.

¿Por qué hay calçada en tantas aceras de Lisboa?

Porque llegó a ser obligatoria. En 1895, el ayuntamiento de Lisboa la impuso en todas las aceras que se pavimentaran o rehicieran desde entonces. Casi toda, eso sí, era la sencilla: piedra blanca, sin dibujos. Lo que había empezado como la ocurrencia de un general en el castillo acabó siendo el suelo de la ciudad.

La ciudad, además, guarda sus plantillas. En un almacén municipal se conserva una colección de moldes de calçada artística, y según los historiadores del ayuntamiento el más viejo de los hallados debería de ser el del Mar Largo de 1848–1849. No está en buen estado, pero se conserva.

El sistema sigue dando juego. En Belém, los escudos de la Praça do Império, que durante décadas fueron de arbustos, se trasladaron al empedrado del suelo cuando se reformó el jardín, reinaugurado en 2023.

Un último consejo práctico: con lluvia, la calçada resbala. Unas suelas que agarren son tu mejor seguro.

Hecho o leyenda.

  • Hecho: el Mar Largo del Rossio se colocó entre 1848 y 1849 con un diseño del gobernador militar del castillo, con presos y con empedradores municipales; se retiró en 1919 y el dibujo actual es de 2001. En 1895, la calçada se hizo obligatoria en las aceras nuevas o rehechas de Lisboa.
  • Dudas entre fuentes: si aquel primer suelo del castillo se empedró en 1841 o en 1842, y si fue el patio de armas o uno de los accesos; de qué cárcel venían los presos; y si la vuelta del dibujo empezó con una reposición parcial en 1976 o con el acuerdo de 1979.
  • Interpretación: el guiño a Camões del nombre lo explica un estudio de 2024.
  • Con cautela: que el molde más antiguo del almacén municipal sea el del Mar Largo es lo que creen los historiadores del ayuntamiento, no una certeza.
  • No es así: que las piedras del Rossio sean las de 1848, y que el paseo de Copacabana sea una copia exacta del Rossio.

Dónde escucharla

Podtour cuenta esta historia en la ruta gratuita de Lisboa, «La Baixa de Lisboa: del Terreiro do Paço al Rossio», en la parada «Un mar en el Rossio», que se escucha en el lado sur de la plaza, con el dibujo delante. Justo después, la ruta termina al pie de la columna con «Pedro IV en el Rossio: ¿Maximiliano?» y con algo que estuvo escondido bajo ese mismo suelo. Los escudos de Belém se cuentan en la parada «Los escudos de la plaza», de la ruta «Belém: los Jerónimos, el Padrão y la cara oculta del imperio».

Si estás preparando el viaje, en la guía de Lisboa tienes lo práctico.

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