El Minnewater y la leyenda del lago del amor de Brujas

La respuesta corta: la leyenda del lago del amor, la de Minna, que muere esperando a su amado Stromberg en tiempos de Julio César, no es una tradición antigua. Salió en 1834 de la pluma de un archivero de Brujas, Octave Delepierre, dentro de una colección de novelitas románticas, y antes de que pasara una década un estudioso alemán de las leyendas ya la había declarado inventada. El lago sí es viejo, pero su historia es otra: se formó como un pequeño embalse que ayudaba a controlar el agua de Brujas.

El Minnewater de Brujas, el lago del amor, con la torre redonda de la Poertoren junto al agua

La leyenda de Minna y Stromberg, tal como se escribió

Primero, el cuento, en la versión de su autor. La acción transcurre cuando las legiones de Julio César conquistan la vieja Bélgica. Minna escapa de un matrimonio impuesto para no traicionar a Stromberg, su amado, que ha partido a combatir. Muere en un paraje salvaje, a la orilla de un arroyo, poco antes de que él regrese. Stromberg la sepulta en el cauce y talla en una piedra una palabra: «Minnewater». Y desde aquellos tiempos remotos, el nombre se habría conservado.

Amor fiel, romanos, una muerte a destiempo y un nombre grabado en piedra. Tenía todo para triunfar. Y triunfó.

¿Quién inventó la leyenda del lago del amor?

El cuento tiene autor, fecha y dirección. Apareció por primera vez en Brujas, en 1834, en un libro titulado Chroniques, traditions et légendes de l'ancienne histoire des Flandres. Abría el volumen con un título bien dulce: Le Lac d'Amour ou Stromberg et Minna, «El lago del amor, o Stromberg y Minna».

Su autor, Octave Delepierre, nació en Brujas en 1802. Fue abogado, bibliotecario de la ciudad y archivero provincial, y terminó en Londres como cónsul, donde murió en 1879. No era ningún charlatán: tenía cierta fama como historiador, lingüista y bibliófilo. Para sus crónicas tomó como modelo un libro inglés, Romances of History, y convirtió episodios del pasado de Flandes en relatos novelescos. Esperaba que así muchos lectores acabaran interesándose por los estudios de historia seria.

El folclorista que reconstruyó todo esto lo resumió así: aquellos relatos poéticos acabaron ocupando el lugar que correspondía a las tradiciones auténticas del pueblo. Delepierre quiso abrir una puerta a la historia, y por esa puerta entró una leyenda.

¿Cuándo se descubrió que era inventada?

Enseguida. En 1843, el folclorista alemán Johann Wilhelm Wolf publicó sus Niederländische Sagen, una recopilación de leyendas de los Países Bajos hecha tras investigar a fondo las fuentes. Había recibido el libro de Delepierre de parte del propio autor. En la introducción contó que al principio había tomado el Lac d'Amour por una leyenda auténtica, pero que, después de informarse, se convenció de que era pura invención.

¿Quién le informó? No se sabe. Wolf tenía muchos corresponsales en Flandes. H. Stalpaert, el folclorista flamenco que en 1948 desenredó toda esta historia, creía probable que fuera el propio Delepierre; si no, quizá un canónigo amigo de Wolf. Si fue el autor, la escena tiene su gracia: el creador de la leyenda confesando que era suya, y la leyenda siguiendo su camino tan tranquila.

Stalpaert dejó además un aviso que sigue valiendo: mucho de lo que en Flandes pasa por «leyenda histórica» no salió de la tradición popular, sino de la imaginación de algún literato o de cronistas que lo inventaron de arriba abajo.

Una ciudad que coleccionaba leyendas

Lo de Minna no fue un caso aislado. En el siglo XIX, Brujas le cogió el gusto a sus leyendas. Entre 1874 y 1880 ese interés no paró de crecer, y en 1879 un semanario de la ciudad, De Halletoren, convocó un concurso para quien entregara el mayor número de leyendas sobre casas, edificios y estatuas de Brujas. Una revista rival protestó para defender sus derechos sobre lo que ya había publicado. No consta quién ganó.

Y el lago del amor siguió dando de sí. L. Hoste escribió en verso Minna Wunnestein, una pieza para títeres de hilo que sigue al pie de la letra el argumento de Delepierre. Una historia que acaba colgada de unos hilos ya es patrimonio de todos.

¿Qué significa Minnewater?

La respuesta honesta es que no está del todo claro. El inventario del patrimonio flamenco recoge que el nombre podría significar «agua común», compartida. Ciertos lingüistas explicaron minne como un espíritu del agua, una teoría que a Stalpaert le parecía tan erudita como ingenua. Ninguna de las dos está probada.

Lo que sí está documentado es que la lectura amorosa del nombre circulaba en el siglo XIX. El propio título de Delepierre ya hablaba de un Lac d'Amour. Y en 1892, en Bruges-la-Morte, la novela que hizo de Brujas un personaje, Georges Rodenbach escribía del Minnewater: «le lac d'amour, a-t-on traduit, mais mieux encore: l'eau où l'on aime!». Es decir: el lago del amor, como se ha traducido, pero mejor aún, el agua donde se ama.

Lo que fue de verdad el Minnewater

Quitando el cuento, el lago tiene una historia más práctica que romántica. El grueso del agua del río llegaba a la ciudad por el sur, donde está el Minnewater, y este lago alargado se formó probablemente en los siglos XII o XIII como un pequeño embalse, al construirse las esclusas que regulaban el agua de Brujas. La casa de la esclusa, el Sashuis, en la plaza Wijngaardplein, se levantó en 1519 al rehacerse esas esclusas. Es probable que el lago moviera también molinos de agua.

Desde la década de 1620 sirvió de dársena comercial. Perdió esa función en 1752, cuando se abrió un canal nuevo, la Coupure, que conectaba mejor a través de la ciudad los canales hacia Gante y hacia Ostende. Con todo, las embarcaciones que unían Brujas y Gante de forma regular siguieron amarrando aquí hasta 1782.

Lo que rodea el agua mezcla siglos. La Poertoren, la torre redonda junto al puente, es de 1398-1401 y guardó pólvora desde el siglo XV hasta comienzos del XX. El puente de piedra es de 1739. Y la larguísima fachada neogótica de la antigua Minnewaterkliniek, de 1885-1892, recuerda que en esta parte de Brujas mucho de lo que parece medieval se levantó entre 1883 y 1912.

Hecho o leyenda.

  • Invención literaria con autor y fecha: la historia de Minna y Stromberg. Aparece por primera vez en 1834, en un libro de Octave Delepierre.
  • Hecho: en 1843 el folclorista Wolf, que primero la tomó por leyenda auténtica, concluyó que era invención.
  • Hipótesis: que fuera el propio Delepierre quien se lo dijo a Wolf. Stalpaert lo creía probable.
  • Lo que no se puede probar: que no hubiera ninguna tradición oral anterior sobre el lago. Lo probado es que la historia de Minna tiene autor.
  • Sin resolver: el origen del nombre. «Agua común» o «espíritu del agua» son hipótesis.
  • Hecho, con un «probablemente»: el lago nació como embalse de las esclusas, hacia los siglos XII o XIII, y después fue dársena comercial.

Dónde escucharla

Podtour cuenta esta historia en la ruta «El Beguinaje y el lago del Amor», doce paradas por el sur de Brujas que terminan junto al Minnewater. La leyenda y su autor se escuchan junto al agua, en la parada «El lago del amor, inventado en 1834». La anterior, «El agua que regulaba la ciudad», cuenta para qué servía la casa de la esclusa, y la última, «Brujas la muerta», sigue el rastro de Rodenbach. Los cisnes de Brujas tienen su propia leyenda, que se cuenta en la parada «Los cisnes de Lanchals». Lo práctico para preparar el viaje está en la guía de Brujas.

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